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El equilibrio humano, fuente de la felicidad

La ubicación gráfica de la felicidad se encuentra en el centro geométrico de un cuadrado perfecto como el que se aprecia en la figura 1, primer paso del diagrama TEAS o de los cimientos de la prosperidad. En ese punto exacto se encuentran los seres felices, los que viven en equilibrio, quienes encuentran en su existencia una oportunidad para dar y para servir, aquellos que aman lo que hacen y que por ello son productivos en su actividad laboral. Ahora bien, para lograr esa perfecta ubicación es necesario recorrer, los cuatro caminos del equilibrio de la vida.

El primer camino hacia la felicidad se escribe con una T, grande, de trabajo. Cuando el ser humano hace lo que tiene que hacer, bien hecho, sin que nadie se lo tenga que ordenar, con entrega, calidad y, sobre todo, con pasión, comienza por la puerta grande, su ruta hacia la productividad, la generación de riqueza y la íntegra satisfacción del ser, que consiste en realizar a plenitud la tarea encomendada. El trabajo dignifica, enaltece, nos hace sentir útiles, nos permite apreciar que estamos en este mundo para contribuir a que sea mejor. Así que quien trabaja con esmero, con entrega y con ahínco, sentirá, con absoluta seguridad, la satisfacción de obra que es el indicador primero de la ruta hacia la felicidad.

Con una E, grande, de espiritualidad, se escribe el segundo camino. El ser humano, si desea llegar a ese punto anhelado del diagrama, el de la felicidad, tiene necesariamente que establecer una conexión permanente, continua, coherente y comprometida con lo trascendente de su ser. Tiene que establecer su orden de valores morales, aquellos principios por lo que estaría dispuesto a darlo todo, la propia vida si fuere necesario y si el honor así se lo demandare. Es imposible lograr la autorrealización sin un código de ética estricto, claro, preciso y riguroso a cuya luz debe realizarse el auto juicio del comportamiento y el propósito de enmendar y corregir. Quien así obre de manera permanente y constante, estará muy cercano a la plenitud, porque es cierto el aforismo que afirma: “No existe almohada más suave que una conciencia tranquila”.

La A, la A de amor, de afecto, de amistad, de aprecio, de apego, es la inicial con la que he denominado este tercer camino. Si con entrega vehemente y con convicción en las propias creencias, el ser humano ha recorrido los dos caminos anteriores, es la hora de la ternura, del amor a la familia, a los seres que nos rodean, a los amigos, a los compañeros, a los servidores, a los compatriotas, al género humano. Al recorrer este maravilloso camino, al que, por cierto, muchos le restan importancia y lo postergan, lo posponen, hasta cuando resulta imposible por la ausencia de esos seres queridos que partieron y que jamás regresarán. Ama con todo el corazón y manifiesta ese amor, al punto de convertirlo en energía vibrante para ti y para quien es objeto de ese maravilloso sentimiento. Si así obras, no lo dudes, has llegado a la antesala triunfante de ese anhelo de sentirse útil y de ser venturoso. Este sentimiento es recíproco, cuando se da se recibe y se convierte en la credencial del derecho humano para encontrar a diario, un lugar sobre la tierra en el que siempre se encuentren a la llegada, unas pantuflas y un corazón calientes, ese sitio se llama hogar, espacio que no venden ni alquilan, porque se construye a diario con amor y sacrificio.

El cuarto camino es el de la S, grande del sosiego. Es el momento de la vida en el que el tiempo se tiene que dedicar a la propia persona, a uno mismo. Es cuando se reponen las fuerzas y cuando se gratifica el cuerpo por el esfuerzo realizado. Es necesario buscar y practicar el placer sano y bien concebido, resulta fundamental el tiempo para sí mismo, para descansar, para reposar, para disfrutar de un entretenido pasatiempo, para compartir con los amigos, para reírse de lo simple de la vida, para despojarse de la formalidad y aún de lo trascendente, para darle un respiro al cuerpo, a la mente y al espíritu. Si no se recorre este camino, resulta, en absoluto imposible llegar a esa coordenada central en donde se ubica la felicidad.

La enseñanza de este documento, el que he preparado con esmero y con cuidado, con el ánimo de contribuir al descubrimiento de los caminos que conducen a la felicidad, se sintetiza en una palabra de significado especial, esta es: Intensidad. Cada uno de los caminos se ha de recorrer en forma vehemente y apasionada, con un grado máximo de fuerza o de energía. Así, que quien aspire a la conquista de este logro tendrá que ser intenso en su trabajo, en su espiritualidad, en su afecto y en su sosiego. Como si cada una fuera la única misión de la vida, en su tiempo y su lugar. Ejecutando cada uno como si no existiera nada más. Pero, aplicando siempre el concepto de la solución de continuidad, es decir con la sabiduría de saber poner fin al concluir un camino para dedicar tiempo al siguiente en un sano y permanente equilibrio que es en lo que consiste la verdadera clave para conquistar este propósito. Cada cosa en su tiempo y un tiempo para cad cosa. La realidad filosófica consiste en aceptar que hay tiempo para vivir y tiempo para morir, hay que aprender a vivir para luego saber morir.

La propuesta, para ti quien lees este documento, consiste en proponerte que dibujes tu propio diagrama TEAS, en una escala de uno a diez cada variable. Espero que te resulte un (10, 10, 10, 10) pero si no es así, esmérate, lucha con intensidad para corregir, para enmendar, para ajustar y… entonces serás feliz y con seguridad vas a encontrar la eficacia y la productividad, virtudes éstas que son las hijas legítimas de la felicidad.

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