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EL DECÁLOGO DE LA PROSPERIDAD DEL DIRIGENTE

Raúl F. López F.

1. Pensar y actuar como un triunfador. Consiste en un estado de ánimo, es un generador de dinámica, que atrae el éxito.
Me propuse, hace muchos años, a la tarea de investigar el comportamiento de los triunfadores, sus hábitos, modos de pensar y, sobre todo, sus fortalezas. Lo hice con el fin de encontrar una virtud común a todos ellos, con el fin de difundirla y ejemplificarla en mis conferencias y escritos. Fueron, como era de esperarse muchos los hallazgos. Aparecieron aspectos tan importantes y definitivos para el logro de resultados y cumplimiento de metas como el entusiasmo, la fe, el esfuerzo, la planeación, el orden, el método, la persistencia, el pundonor, la claridad de objetivos, la actitud, el estudio, la consagración, la responsabilidad, la visión, el buen humor, la ejecución y el compromiso. Todas importantes y, para quien quiera triunfar, más le vale practicarlas.
Pero, una sólo una, resultó común a todos esos seres extraordinarios que han saboreado las mieles del triunfo.
Para todos los triunfadores es más importante dar que recibir. El que da con generosidad fortifica su espíritu, dinamiza su mente y, siempre conocerá lo que es la reciprocidad.

2. No importa el qué, sino el cómo. En la vida no es necesario inventar nada nuevo, ni se requiere de las hazañas espectaculares para lograr lo que se desea. Lo que sí resulta definitivo es tomar las cosas con seriedad, independiente de la profesión o del oficio que se desempeñe. Quienes así obran reflejan una armonía y una serenidad que inspira la absoluta confianza en lo que hacen. Quien de alguna forma ocupa sus servicios se siente confiado y seguro de estar recibiendo lo mejor a cambio de lo que está pagando.
Cuando estamos de frente a una persona que toma con seriedad lo que hace, sentimos que ha conquistado nuestra admiración por la forma como lo realiza, ya que lo ejecuta con tal destreza y dedicación que a nuestros ojos parece fácil su labor.

3. Siempre existe una mejor forma para hacer las cosas. Cualquiera que sea su trabajo, por su preparación, talento y experiencia, seguramente usted ha desarrollado un método para hacer las cosas y es muy probable que de su aplicación haya obtenido buenos resultados. Cuando lo anterior sucede se corre el riesgo, peligrosísimo, de incurrir en la rutina y, lo que es peor, en el conformismo. Un buen tema de reflexión en este sentido lo constituye la siguiente expresión: cualquier cosa que usted haga – siempre habrá una forma mejor de hacerla, descúbrala, practíquela.

4. Ser un auténtico líder. Para encontrar el camino de la prosperidad es absolutamente necesario ser un líder, en primera instancia, al menos, de sí mismo. Es el autocontrol personal el primer paso para lograr este asunto tan importante, el autocontrol de los propios sentimientos, de los apetitos, de las pasiones, de los gustos, del propio intelecto, del ego. Todo, para lograr en sí mismo el régimen de los valores y principios morales y espirituales.
El auténtico líder tiene unos objetivos tan claros, cuantificados y definidos que logra que otros lo sigan.
La verdadera magnitud de un líder no se mide por sus recursos, sus bienes o sus riquezas ni su grandeza se ve iluminada por el poder o por la fuerza. Son su visión, su comprensión, su habilidad para escuchar, su sentido holístico, su imaginación, su criterio, su fe, su rectitud, su humildad, su constancia, su entereza y su compromiso los dones que atraen, que conquistan y que persuaden.

5. Pensar siempre en grande. Siempre y cuando estén enmarcados en los valores, los pensamientos del líder tienen que ser ambiciosos, grandes. El adalid da su primer paso de la jornada en pos de lo imposible y, en el último, alcanza lo que los demás no imaginaron. Cuando el líder piensa en grande impregna su palabra con el poder de la persuasión y es por ello por lo que logra que sus seguidores hagan lo que él quiere, convencidos de que lo hacen porque son ellos quienes lo desean.

6. Ser feliz haciendo lo que se hace. Sólo se logra la eficacia absoluta cuando se hace lo que a uno le gusta, esto constituye el despliegue de la destreza. Cuando los seres humanos disfrutan a cabalidad de su tarea y de lo que ella significa, realizan el hallazgo de la excelencia y aseguran el cumplimiento de sus propósitos. La eficacia es la hija legítima de la felicidad y ésta se logra cuando existe la seguridad interior.
Es necesario que el ser humano disfrute de lo que hace para que la motivación por lo bien hecho, por lo significativo y por el servicio fluya en cada uno desde su propio mundo interior.

7. Observar, analizar, ejecutar. En este tema de reflexión se sustenta la creatividad y, desde luego, su derivada vital, la innovación, definitiva en nuestro tiempo. Observe detenidamente y logrará establecer como las personas más prósperas en toda organización son siempre aquellas que están más informadas. La información genera poder. Ahora bien, la información se conforma según sea la capacidad de análisis y de observación que cada persona disponga. Es el dominio del conocimiento de los detalles la clave de todo este asunto. Quien logre dominar el conocimiento de los pormenores de su profesión será, a no dudarlo, el mejor en el ejercicio de esta.

8. Buscar siempre la excelencia. Es la excelencia el grado de perfección de una cosa. Según el diccionario de la RAE: “Es una superior calidad o bondad que hace digno de singular aprecio y estimación a alguien”.
Es una virtud integral, una competencia, que diferencia a unos seres humanos de otros en función del grado de perfección con la que responden por aquello que les encomiendan, se mide por el grado de calidad de sus acciones y de los resultados que obtienen.
Es, la excelencia, el cumplimiento y exaltación en grado máximo de las normas. Es el objetivo para el estándar de rendimiento y la expresión de algo perfecto.
Para el líder resulta esencial, por cuanto la guía correcta de quienes lo siguen siempre ha de tener como brújula la competitividad, sea cual sea la labor a la que se dediquen. Al final sólo aparecerá un triunfador, quien haya hecho las cosas de la manera correcta, responsable, moral, estratégica, competitiva, práctica, productiva y con tendencia a “cero errores”

9. Conocer fortalezas y debilidades personales. Uno de los más importantes factores de éxito que puede poner en práctica un ser humano es justamente éste, el de conocerse a sí mismo, con el propósito de determinar con claridad sus puntos fuertes y débiles. Hago referencia, de una forma muy especial, a las fortalezas y a las debilidades personales. Quien tiene la virtud de distinguir unas y otras, para adquirir el compromiso de mantener y de mejorar las primeras y de clasificar las segundas. Deben, en consecuencia, clasificarse las debilidades en dos conjuntos, a saber: las que se tienen que aceptar filosóficamente, por su carácter de inmodificables y las que sí se pueden modificar.

El comportamiento que ha de asumirse con las fortalezas es el de la disciplina, por cuanto una vez identificadas dependerá de ésta el grado de compromiso para encararse al progreso.
De cara a las debilidades se requiere en primera instancia de la virtud del coraje para aceptar, valientemente, aquello que no nos es dado cambiar o modificar. Dependeremos de nuestras capacidades de adaptación y de aceptación para triunfar. En la segunda instancia será determinante la virtud de la humildad para reconocer nuestra ignorancia y nuestras limitaciones. Éstas, aunque reconocidas, por ningún motivo deberán aceptarse puesto que se pueden modificar. Para lograr esta evolución es preciso disponer de toda nuestra capacidad de persistencia y de constancia para aprender y poner en práctica lo aprendido hasta que desaparezcan nuestras limitaciones, lo anterior es posible y su ejecución sólo depende de uno mismo.

10. Aprender a cambiar. Una antigua y muy bella leyenda es suficiente reflexión para este tema; se dice que, en la antigüedad, muy remota, los caballos marinos, que en aquel entonces eran una especie de superficie, habitaban en una isla hermosa y rica que disfrutaban a plenitud. Cuando menos lo podían haber supuesto empezaron a sentir y a observar que la isla se estaba hundiendo y que su desaparición habría de ser un hecho inevitable. Su destino era verdaderamente dramático puesto que, al hundirse su isla, ellos desaparecerían con ella.
Muy preocupados por su situación realizaron múltiples reuniones entre ellos con el fin de trazar un plan de salvación, mas todo resultó inútil, su destino estaba marcado. Resolvieron, como último recurso, acudir a la sabiduría y consejo de Amoarn, el más viejo de todos y a quien la enfermedad le impedía moverse desde hacía muchos años. El sabio con su proverbial paciencia los recibió.

– ¿Qué haremos oh gran sabio, la isla se hunde y todos pereceremos?

Dijeron todos a una.

– Nada, contestó el patriarca, hay que aprender a nadar.

Aprendieron a nadar y sobrevivieron como especie, en la actualidad residen y se multiplican en el fondo del océano. El cambio fue su salvación.

El cambio que se ha registrado en todas las actividades humanas durante la última década es sorprendente. Representa el fruto de la evolución. El conocimiento se transforma a un ritmo creciente con el tiempo, a tal punto que algunas ciencias que tomaron en el pasado siglos enteros para lograr un ciclo de evolución, hoy en día este período es de sólo días.
Así que el único camino para sobrevivir y para triunfar en esta época tan importante en la que nos correspondió vivir es el del CAMBIO.

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