
EL HEXÁGONO DE LA FELICIDAD
Raúl F. López F.
Sin lugar a duda, la felicidad es el mayor anhelo del ser humano. Suele ser esquiva y por momentos parece ser que desapareciera de la mente sin esperanzas de retorno.
Se trata del estado de ánimo que siente una persona, en un momento dado, por el hecho de gozar de lo que fue plenamente deseado o bien, por disfrutar de algo que es de su gusto y aceptación.
Es, en realidad una emoción. El ser humano la vive muy significativamente cuando alcanza una meta anhelada, fruto de su deseo y motivación, por la que luchó con un esfuerzo constante.
En el fondo, la felicidad es una ruta, compuesta por muchos caminos que, finalmente, conduce al ser humano a sus estados de bienestar íntegros.
El buen talante de la mente y la condición sana del cuerpo resultan vitales para recorrer esa ruta con eficacia y resultado. Así mismo cuando este derrotero se acerca a su destino, tanto la mente como el cuerpo experimentan cambios favorables, asociados con el vivir en abundancia y con el buen estado de la salud.
Cuando se profundiza en el pensamiento se llega a la conclusión de que la felicidad es el fruto de lo que cada uno se imagina y desea, es en consecuencia, un concepto abstracto, individual y auténtico de cada ser en particular.
Con esto último estamos en capacidad de comprender la razón por la que existen diferentes fuentes de felicidad, unas personas experimenten esta sensación de regocijo con mucho, otras con menos, algunas con el dinero, otras con la sabiduría, con el regocijo espiritual otras, con la vida sibarita otras y con el espíritu de servir y de dar a los demás, otros tantos. No faltan los que encuentran esa felicidad haciendo el daño y otros mitigando el dolor ajeno. Muchos la encuentran en una sana y equilibrada mezcla de algunos de estos aspectos.
En conclusión:
1. No debe ser la felicidad objeto de una simple definición, porque su esencia emana desde lo individual en el interior de cada ser en particular.
2. La felicidad es amenazada por la adversidad, por lo tanto, no es un estado permanente, es sí la conquista, de unas metas deseadas, que nos fortifica cada vez más para continuar en el camino hacia la plenitud.
3. No se trata de algo externo es un sentimiento que mora en nuestro interior y que solo nuestro propósito y voluntad están en capacidad de descubrirla y de emprender el sendero que hacia ella conduce.
Es, por todo ello un pensamiento, al que es necesario cultivar con valores, con amor, con servicio, con espíritu de lucha; hasta que se experimente el sabor de la plenitud por la conquista de lo deseado y obtenido con la propia capacidad de lucha, de constancia y de realización personal.
Si, como quedó expresado, se trata de una ruta, compuesta por muchos caminos que, finalmente, conduce al ser humano a sus estados de bienestar íntegros. He aquí uno de esos caminos conducentes al logro de esa misión anhelada. Lo he trabajado con muchos líderes, dirigentes de alta responsabilidad, con profesionales de valiosa capacidad de resultado, con funcionarios comerciales y con personas orientadas al logro con deseo de progresar y de generar el bienestar a su alrededor. En mi caso personal lo he practicado desde el momento mismo en el que lo concebí, hace muchos años y he experimentado el sabor de la realización.
Se trata de un modelo de actuación de 6 puntos, que de practicarse con constancia conducen a esa gran vertiente, que finalmente llega a la felicidad humana. Son seis nichos simétricamente situados en la mente del pensador, al punto de conformar un hexágono regular al unirlos mediante el trazado de líneas.
1. Nicho A5.
Es un proceder que resulta absolutamente necesario aprenderlo y practicarlo, con disciplina, hasta convertirlo en una rutina diaria e infaltable. Con él se llena la mente de la energía necesaria para activar la creatividad y la buena disposición para ejecutar. Consiste en concentrarse profundamente cada noche, antes de disponerse para dormir, en cinco cosas positivas que sucedieron, en particular a cada uno, en ese día que está terminando. Deben sentirse con complacencia, con agrado, apreciándolas como algo importante y único. Siempre aparecerán las cinco, aún en los días grises, en los de crisis, en los de cuarentena. Acaso en estos días no nos hemos dado cuenta de la fuerza del amor, de lo que es el calor del afecto familiar, de lo que vale el trabajo del ama de casa, de lo que debemos considerar a quienes nos hacen a diario las labores domésticas, de lo que significa la paz interior del recogimiento, de que todos los seres humanos somos iguales, de que el afecto social hace falta, de que todos necesitamos de todos, de que nos duele la patria.






